Por:
José Luis santana avalos.
Había
sido una noche de pocas, en que la adrenalina fue como un caudal sin control ni
medida… todo había estado a pedir de boca. Pero era un nuevo día y la sensación
de estar en otro cuerpo conforme iba despertando se apoderaba de quien hasta
ese momento creía que era. Se levantó y
caminó a donde creyó que estaba el baño, quiso mojarse la cara para
despabilarse, más no supo donde encontrarlo, pues de momento descubrió con
asombro que ese no era su cuarto, ni su casa, aunque su cama era la de siempre, sabía que
era la suya pues no soporta dormir en otra que no fuera la de él. No entendía lo que
estaba pasando, era todo tan extraño, aunque aun sentía esa emoción de poder y
satisfacción que da el saber que tienes el control, por lo que quiso salir de
esa confusión y buscó su pantalón para sacar la cartera y sus credenciales. La
credencial estaba ahí en medio de otras,
con esa cara extraña y desconocida que le miraba con la indiferencia que
siempre han tenido todas las credenciales del IFE, se restregó los ojos pues el
que parecía ser él, no se le hacía familiar y aunque se notaba que esa
credencial tenia la marca que le hacen después de asistir a votar, no pudo
reconocerse. En realidad la duda lo
empezó a mortificar y su confusión se hace evidente en un temblor que le
recorría todo el cuerpo, pero quiso
salir confiado a la calle, para ver si el aire fresco y alguien le ayuda a aclarar
la sensación de extravio, el sol apenas despuntaba en el lunes 6 de julio y en ese momento la calle lucia sola, tal
vez adormilada por todos los
acontecimientos de la noche anterior, y él, no sabía si en realidad era Samuel
Rivas Peña.

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